lunes, 14 de octubre de 2013

Ha llegado el día. Discordancia.

Me enfrento al blanco del folio tratando de ver algo mas que letras, algo mas que muros imaginarios de tinta negra en un fondo blanco, contrastados como la vida y la muerte, como el niño sonriente y el del féretro y la mujer convaleciente, no veo nada, no veo porque algo me nubla la vista.
Quizás no soy el mejor, ni lo pretendiera, soy un nombre y un apodo, alguien incapaz de sonreír solo y que divaga por sus mundos como un niño puesto de setas perdido en un bosque del colocón. Quizás mi madre esperaba demasiado de mi, eso pienso ahora, me autoengaño y me autopromociono. Como todos pierdo mi vida mirando a lo que creo que es delante y no hago mas  que mirarme a los pies y dejar piedras para tropezarme y que el resto vea como me tropiezo.
Aunque a lo mejor todo esto va de bajarte hasta la luna por tus ojos marrones clavados en los míos por una eternidad que no es tal o que no se comprobara como tal, porque los cuerpos mueren pero las almas.
Puede que esto solo sean frases desordenadas producidas por la mente de alguien que en vez de relucir como debería  se sumió en sombras como la suya o quizás tenga sentido.
Quizás no es el ''mataría por alguien'' si no el, ''¿Me ayudas a esconder un cadáver de alguien que maté por ti?''

Se apaga la luz y dejo de escribir. Solo has leído las locuras de un cuerdo echo de soga deshilada por una sonrisa que otros no supieron ver.

Discordancia.