jueves, 30 de mayo de 2013

francisco luis arias.

Voy a revelar una historia que a veces mentiras, bien adornadas, y otras
son verdades. Aunque las verdades, es solo un cabo de la mentira.
Recorro con la mirada, las esquinas del papel, y una puerta imaginaria se
abre, descubriendo al otro lado, y más allá de lo que puedo ver, los caminos infinitos.
Vienen a mi encuentro, desde el olvido los recuerdos del ayer, y una cier-
ta sensación de encontrarme con las cosas por segunda vez, se amontonan tantos años
uno a uno de dos en dos, de diez en diez. Todo pasa en fotogramas, todo lo que quedò
detrás , momentos que ya habia olvidado, trato de recordar el pasado sin dejar que el
corazón se resienta, ya que los recuerdos son como un ladrón, que siempre acecchan
y que el viento los arrastra, y te sonrien tristes recordandote una deuda que nunca uno
acaba de pagar. Es un tiempo que ya no existe. Los recuerdos suelen contarnos men-
tiras, se amoldas al viento, amañan la historia, por un lado se encogen y por el otro se
estiran, se tiñen de gloria, se bañan en lodo, sse endulzan, se amargan a nuestro aco-
modo segùn nos convenga.
Los recuerdos tienen un perfume frágil que les acompña por toda la vida.
Los recuerdos suelen ser tristes, hijos como son del pasado, de aquello que
fue y ya no existe.
Los recuerdos acuden, desnudos de adornos, limpios de nostalgias, cuando
solo queda la memoria pura el olor sin rostro, el color sin nombre, es el esqueleto sobre
el que construimos todo lo que somos, aquello que fuimos y lo que quisimos ser. hacen que lloremos cuando nadie no ve.
Cuando uno se pone a escarbar en la memoria una va escogiendo del pasa-
do, aquellas cosas que importan, y te proteges de algunas otras, Y vienen a mi encu-

entro desde el olvido los sueños de juventud.

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