jueves, 25 de abril de 2013

Lavdia IV

Divago por la cárcel en que se transforma mi cabeza cada vez que me siento en este escritorio. Una lucha entre ángeles y demonios armados hasta los dientes se libra en mi sien y en mi frente llevo escrita la palabra dolor, como el que pagaría por ella aquí o por no volverla a ver.
Sus disparos me atravesaron como a un muñeco de paja, como al puto muñeco de paja que me deja echo cada vez que me sonríe. Saco el grinder de escritorio y machaco uno para intentar sacarla de mi cabeza.
Atento al ruido mi cerebro examina los momentos grabados en su interior, cada tarde o cada mañana en mi mismo estado, me consume, me consumo. Me voy a la cama después de este, al menos he conseguido terminar el trabajo.

(Madrugada.)

He despertado empapado en sudor y no consigo retomar el sueño, entro a trabajar en 3 horas y no le encuentro sentido a nada de esto.
Me levanto y decido hacerme un café.
Me siento en el sofá del salón mientras veo la cafetera calentarse. Da gusto tener una casa así de pequeña, que veas la cocina, aunque tengo que lavar mil veces las malditas cortinas.
Esta echo.
Me levanto a por el y repaso la estancia con la mirada, entre las sombras se vislumbran las formas de miles de recuerdos una vez que mis ojos se han acostumbrado a la oscuridad.
En fin.
Enciendo la tele mientras contemplo el café humeante en la mesa.
Me recuerda al vuelo de los pájaros o al amor, lo ves empezar pero se acaba disolviendo ante tus ojos o perdiéndose en la infinidad de la noche.

 (Mañana)

¡MIERDA! Me he dormido, joder. Me visto a toda velocidad, cojo la carpeta, imprimo los resultados de mi noche y salgo por la puerta cerrándola con el pié.
Entro en la misma rutina de siempre (¿O la misma ruina? Quien sabe..) Sonrío al ver los zombies que se arrastran hacia el metro. Y es curioso, porque yo siempre soy uno más y siempre quise escapar de este rollo de gilipollas con el cerebro comido por la sociedad.
(Ya hasta me parece verla ente la gente o reflejada en los cristales, estoy obsesionado.)
Mi parada.
Me dejo llevar por el ambiente de la oficina y mi cerebro se evade de mi cuerpo para sobrevivir el día a día  como siempre.

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