domingo, 28 de abril de 2013

Lavdía V.

(Camino por mi desastre, patadeando los escombros que tiró la presión o el paso del tiempo y tropiezo con tu sonrisa, es entonces cuando no sé quien saldrá mejor parado o siquiera si saldré vivo de esta.)
Tengo la costumbre de volver a casa caminando, después de los autodestructivos días en la oficina, está bien  dar un pequeño paseo y poder refrescar mi mente un poco.
Camino como si soportase el peso de la bóveda celeste con todo el peso de sus incontables estrellas y la luna me mira, autosuficiente, desde su pedestal, con su sonrisa socarrona.
Es esa sensación de caminar con una bola de preso echa de recuerdos y de pasado , que se hace mas grande cada paso que doy, pero aún así el aire fresco baña mis pulmones y el paseo merece la pena.
Mientras camino encuentro parejas, de ancianos, de jóvenes y de no tan jóvenes o no tan ancianos, que día a día se dedican sonrisas, gritos y todo eso que a veces nos dedicamos los seres humanos. Lo observo todo como desde otra esfera, como si nosotros nunca hubiésemos sido parte de eso. (Digo nosotros como si fuésemos algo... Pobre idiota.)
Muchas veces me gustaría ser una de esas personas sonrientes que observo día tras día por la calle, pero hace muchos años perdí la razón de , siquiera, tratar de dibujar la mueca de una risa en mi cara. Me limito a tirar para adelante.
Realmente, pongo a muchos de esos ... sonrientes, llamemoslos sonrientes a partir de ahora, pongo a uno de esos sonrientes en mi ruina y dudo que aguantasen unas horas aquí dentro. A veces viene la gente a tratar de corregir mi actitud y realmente lo enfoco desde el punto de (''Si no me conozco yo, ¿Como me vas a conocer tu? ... ¿Y si no me conoces, quien eres para aconsejarme acerca de mi comportamiento?'')
En fin.
Mientras mi mente explora todos sus rincones buscando algo que destruir, me deslizo por la ciudad (O mierda de pueblo, según lo veas.) Evitando personas y bultos que no seria capaz de descifrar ni recordar debido a mi falta de atención.

Por hoy ya está bien.

jueves, 25 de abril de 2013

Lavdia IV

Divago por la cárcel en que se transforma mi cabeza cada vez que me siento en este escritorio. Una lucha entre ángeles y demonios armados hasta los dientes se libra en mi sien y en mi frente llevo escrita la palabra dolor, como el que pagaría por ella aquí o por no volverla a ver.
Sus disparos me atravesaron como a un muñeco de paja, como al puto muñeco de paja que me deja echo cada vez que me sonríe. Saco el grinder de escritorio y machaco uno para intentar sacarla de mi cabeza.
Atento al ruido mi cerebro examina los momentos grabados en su interior, cada tarde o cada mañana en mi mismo estado, me consume, me consumo. Me voy a la cama después de este, al menos he conseguido terminar el trabajo.

(Madrugada.)

He despertado empapado en sudor y no consigo retomar el sueño, entro a trabajar en 3 horas y no le encuentro sentido a nada de esto.
Me levanto y decido hacerme un café.
Me siento en el sofá del salón mientras veo la cafetera calentarse. Da gusto tener una casa así de pequeña, que veas la cocina, aunque tengo que lavar mil veces las malditas cortinas.
Esta echo.
Me levanto a por el y repaso la estancia con la mirada, entre las sombras se vislumbran las formas de miles de recuerdos una vez que mis ojos se han acostumbrado a la oscuridad.
En fin.
Enciendo la tele mientras contemplo el café humeante en la mesa.
Me recuerda al vuelo de los pájaros o al amor, lo ves empezar pero se acaba disolviendo ante tus ojos o perdiéndose en la infinidad de la noche.

 (Mañana)

¡MIERDA! Me he dormido, joder. Me visto a toda velocidad, cojo la carpeta, imprimo los resultados de mi noche y salgo por la puerta cerrándola con el pié.
Entro en la misma rutina de siempre (¿O la misma ruina? Quien sabe..) Sonrío al ver los zombies que se arrastran hacia el metro. Y es curioso, porque yo siempre soy uno más y siempre quise escapar de este rollo de gilipollas con el cerebro comido por la sociedad.
(Ya hasta me parece verla ente la gente o reflejada en los cristales, estoy obsesionado.)
Mi parada.
Me dejo llevar por el ambiente de la oficina y mi cerebro se evade de mi cuerpo para sobrevivir el día a día  como siempre.

martes, 23 de abril de 2013

Interludio III: Música.

Su voz es música para mis oídos  la misma que a veces llegó a ser el ruido de unas garras deslizándose por el fino cristal y desgarrando los oídos de los mas sutiles. Ahora produce en mi el efecto de la brisa del norte una tarde de Agosto.
Es una insula en el mar.
Un oasis en el desierto.
Es la realidad en un discurso de cualquier político.
El oxígeno que le queda a un atrapado por avalancha.
Es la esperanza, la fé, para salir adelante.
Es el tic tac del reloj que no exaspera, el que se lleva con el tu intranquilidad.
Es luz en la oscuridad.
Es música.

Lavdía III

Los cristales de la ducha observan el entremezclado de cataratas deslizándose hacia el mármol y las gotas suicidas que se describen una parábola perfecta desde su cuerpo. Yo sentado fuera, observo su contorno dentro, podría entrar pero no quiero estropear ese momento. Las gotas la recorren como formulas uno la pista, pegados al asfalto, pero con su cuerpo como circuito, su cuerpo que durante tantas horas ha sido mi mapa.
Observo soñador su figura , como sumido en un eterno éxtasis, como si fuese a salir volando, solo le faltan las alas para parecer un ángel de esos perfectos que tantos textos intentan definir. Ella seria esa definición perfecta. ¿Que mejor que una imagen, no?
El vaho inunda la estancia, la humedad se apodera el ambiente y ya no se si sudo por la concentración de agua o.
Los chorros de agua le caen por la espalda.
Recuerdo tantas veces que soñé con tenerla, la primera vez que esa espalda rozó mi cama y su sonrisa socarrona. Siempre ha sabido que me manejaba a su antojo. En cierto modo no me disgusta, ya me hice a la idea.
Perdí el control de mi vida y me dedique a sacarle partido a las situaciones hace años.
Observo el agua precipitarse por sus clavículas, desciende por su pecho, su cintura y.
No soy capaz de encontrarle un fallo, miles de veces lo intente, miles de veces sangré lagrimas, sentimientos y sangre de mis propias venas escribiendo en su nombre. O en nombre de esa puta sonrisa que me desnuda sin quitarme la ropa y me dispara a bocajarro sentimientos que hace años creía enterrados.
Los sentimientos me abruman.
Siempre fui controlador de mis emociones, pero esta muchacha destroza cada barrera.

(Horas.)

Camino por la terraza, con un cigarro humeante en el cenicero, como una recortada recién disparada, describo un paseo inconcreto por ella, dejándome llevar por el ritmo de mi cerebro antes que el de mis pies, mi mente divaga sola a cientos de metros o quizás a unos pocos. No puedo seguir así  tengo que salir de esta rutina, salir de ella.
Quizás deba conocer mundo.
O quizás deba hacerme el mio propio.
Lo que está claro es que no hay nada claro en mi cerebro. Es la típica situación en que la respuesta te lleva una y otra vez a la pregunta y esto no hace mas que atormentarte.
Mañana trabajo y no he conseguido escribir una puta linea del proyecto.
Ella ya no está. Se fue hace una hora, pero su olor sigue en el escritorio y no me deja concentrarme.
''Las musas a veces te llevan a la ruina'' Creo que eso lo dijo alguien una vez y si no, ya lo digo yo.
''Empezaré Noviembre con las mismas ganas de escapar de siempre'' Como dijo Rase.
Solo quiero escapar, como un pájaro, pero me golpeo contra la jaula: Ella. Y me doy cuenta, que no soy si no, una gota de agua que intenta escapar de la ducha y acaba inmolándose contra el cristal y perdiendo toda oportunidad de supervivencia.








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Nota del autor: Segunda frase citada es de http://www.youtube.com/watch?v=j6dkl5tnHVw Un tema de un conocido mio. Os aconsejaría que lo escuchaseis.

domingo, 21 de abril de 2013

Interludio II: Nocturnidad y toda tu alevosía.

Miro de nuevo la foto que antes reposaba en la mesilla y ahora yace en el suelo, como un destrozo, que no sangra mas que recuerdos y dolor por todos sus poros, mi mueca entre risa, autosuperación y odio no paga los riesgos que corrí por ti, pero aun así sigo mirándola, a la vez añorandolo que yo solo destroce.

sábado, 20 de abril de 2013

Interludio: Más Sombras que días en el infierno.

Divago por la calle entre las luces escarchadas de las farolas, lejos de apaciguar mi alma en cada interludio solo alumbran la llama que por dentro me come desde el nudo en la garganta hasta el vacío que me dejaste a la izquierda del pecho.
Es una más.
Una más de las incontables noches que salgo por no devanarme mas los sesos mirando tu retrato a las tantas, a la luz de mi escritorio mientras me pregunto que cojones es lo que hice mal.
Repaso cada capitulo como cada día  cada noche, cada instante, como un rito eterno de autodestrucción hasta que se consume el poco de cordura que acapara mi cerebro en los ratos de paz.
Los perros aúllan a la luna como lobos y la noche oculta el crimen y el poco castigo que despierta cada anochecer en la urbe. (''en la urbe.'' Ni que esto no fuese un puto pueblo de mala muerte.)
''Esto ya no es amor, esto ya es una puta enfermedad.''
Tu a estas horas estarás con otro pibe en su cama y yo yo hace tiempo que dejé de saber con quien y como estoy, tiene mas control sobre mi esta ''enfermedad'' , como tu la llamas que cualquier marionetista sobre un vulgar muñeco de trapo.
Me noto como un peso sin propio control mecido por la mente de algún perturbado.
Solo soy yo mismo cuando salgo de mi ser, esa enfermedad se multiplicó en otras tantas y otras sustancias que no fueran tu cuerpo para poder seguir levantándome  aunque últimamente paso mas tiempo en el suelo que tratando de elevarme
(''Puesto hasta arriba, para ver si te olvido'') Puedo jurar que ni aún así.
 Que después de tantos meses de perder la esperanza en tu regreso tu media sonrisa provoca esa hecatombe en mi pecho que deja en el máximo ridículo a Hirosima.
(Esa puta sonrisa, chica, guárdala que se clava en mi pecho como el mas afilado puñal.)
Me maté por todo esto, por esta basura que a día de hoy me quema. Y a día de hoy los míos perdieron hace años la esperanza en mi regreso y solo les queda el ensueño de que el fantasma en el que me he convertido no desaparezca de golpe un día.
Antes me esforzaba por sonreirle al día, un que solo fuese por desafío, pero visto el esfuerzo que debo invertir en dar un paso bastante es que me mantengo en pie.
Mis pies se arrastran por el asfalto como si todo el pasado se concentrase en mis piernas y me impidiese levantarlos del suelo, como los zapatos de cemento de Al caponne.
(Creo que seguiré paseando. Llegaré a algún lado. [O no, ¿Pero que hay de malo?])

(''El rollo es Lxf.'' Ch.)

martes, 9 de abril de 2013

Lavdía II.

Emprendo un paseo por la ciudad, sin rumbo fijo, dejo que su canto guie mis pasos entre farolas que me observan a deambular y ojos curiosos que siguen mi trayecto como el de una estrella fugaz.
En la oscura madrugada ver vagar a alguien por la ciudad no es algo común, pero nadie repara en mi presencia, a estas alturas soy todo menos una persona dentro de si misma, mi mente hace tiempo que se evadio de mi cuerpo para intentar hallar una explicacion a la casi inexplicable atraccion que me produce, es como si fuese un mosquito estupido que se quema una y otra vez con la misma luz.
Acabo dando la vuelta a las manzanas de mi barrio sin ningun futuro ni destino y decido tratar de fumarme otro cigarro en el banco que se situa frente a mi portal, de modo que pueda observar mi casa.
Me siento y me enciendo el cigarro.
La cajetilla dice que fumar mata. (¿Que coño sabran las tabacaleras de lo que mata? En todo caso dudo que me parta en mas cachos que esto.)
Mientras fumo con la mirada perdida recorro mi infancia y aquella primera vez que la vi. Desde ese dia no he pensando en nadie como en ella. Si, es cierto que he pensado en otras ¿Y qué? Cada vez que lo hacia, ella volvia y daba al traste con mis esperanzas de arrancarla de mis entrañas.
Esa vez a los quince años que se entero de que estaba besandome con otra chica, la arranco de mis labios, me beso y me susurro (Tu eres mio, ¿Entiendes? Ninguna zorra te va a arrancar de aqui.)
Sonrio.
Celos. Es el unico modo que tiene de demostrar cariño. O quizás no, pero si el mas habitual.
Doy una calada y observo llover, como mi almohada me observo tantas veces.
Recuerdos y mas recuerdos, la he visto crecer y aún así, a dia de hoy, me pone de los nervios esa sonrisilla tonta que hace que hasta fuera de mi se oiga el ruido de mis murallas.
Esa chica se ha llevado mi vida y mi puto corazón desde el primer dia con esos ojos.
¿Nunca has notado esa sensacion de que cuando alguien te mira a los ojos y te entra hasta el puto pecho?
Eso es ella.
No sus ojos.
Creo que solo con oirme suspirar es capaz de saber lo que me pasa.
Se enciende la luz.
Consigo entrever sus curvas atraves de la ventana,
¿Cuantas veces me he agarrado a esas caderas con el fin de no precipitarme por sus piernas?
Hace años perdí la cuenta.
El cigarro se ha apagado hace tiempo, pero me lo llevo a la boca y aspiro sin darme cuenta, nada seria capaz de distraerme cuando observo su cuerpo.
Me está buscando.
Decido volver a casa, me levanto y avanzo la calle sin mirar a los lados siquiera al cruzar, de nuevo, atraido como un mosquito por la luz.

Z.

lunes, 8 de abril de 2013

Lavdía.

Pestañeo y observo la calle a través del cristal, mientras el cielo llora lágrimas de lluvia que caen inexorable, pero lentamente por el ventanal, ahí fuera la ciudad dormita en un estado de coma levemente interrumpido por algún que otro transeúnte que vaga dejándose llevar por los callejones.
Suspiro.
Ahí fuera la única luz que interrumpe la cerrada noche es la de un coche que arde ante los atónitos ojos de su dueño.''Haber pagado hijo de puta.'' reza el único indicio de que ha sido provocado.
Dentro de la estancia la llama de un cigarro que se consume en mi cenicero, como la vida de ese vagabundo bajo la lluvia.
En mi cama sus piernas y el resto de mi dignidad mezclado con los cachos de mi alma y mi voluntad, que perdí volviendo a caer en sus redes, lo sé pero visto desde este punto hay muchas cosas que podrían salir mal y desde este punto no estoy tan en la mierda como esperaba.
Doy una calada.
Esos ojos, hija de puta.
Anoche cuando cogí las llaves del suelo para salir de casa sabia que acabaría así.
Es como la muerte detrás del túnel o la luz roja del puntero dilatando las pupilas de alguno que ya no esta, en la morgue.
Ni la droga mas dura me provoco lo que esos labios y tarde mil noches en borrarla, así que imagínate a esta puta.
Me acerco el cigarrillo a la boca y pienso en mi futuro.
He visto noches mas claras.
 Doy otra calada y recorro la estancia con la vista.
No hay luces, pero he perdido la cuenta de las horas que llevo aquí, mis ojos se han acostumbrado a la tenue luz que se cuela por el ventanal de madrugada.
 Se reconocen por todos lados marcas de lo que hemos echo.
Su vestido en la silla y sus medias rotas en el suelo.
Que guapa es la cabrona.
 Doy otra calada.
Es la típica belleza que no nace de unas curvas sino del arte de saber mover un cuerpo, en mas de un sentido sabe moverse.
Duele todo esto.
Duele hasta el silencio.
Doy otra calada.
 Esta zorra no hace mas que romperme y nunca viene a sanarme mas que cuando no se la espera, entonces si, aparece y se queda unos días. Luego se va.
Como se irá siempre.
Como sé que hace con otros.
Otra.
No me molesta en exceso que esté con otros, al menos soy el único al que año tras año vuelve. Deje muchas cosas por esta chica, incluida mi salud.
Dios, mierda, he vuelto a caer, estrello el cigarro contra el cenicero metálico, me pongo los pantalones y salgo a la calle.
La luvia se estrella contra mis hombros, pero ya ni me importa. Mis gritos se pierden en la noche, como los aullidos de un lobo a la luna, alguna que otra luz se enciende en el vecindario de vecinos curiosos o inquietos.
Gritan cosas pero ni les oigo, ya estoy muerto.
Dijeron que era peligroso salir de noche.
Mírame ahora, mama.