jueves, 25 de octubre de 2012

Instante 3: Despertar.

Suena el despertador. Son las once de la mañana.
Decido intentar hacer algo productivo con mi mañana y me dispongo a levantarme, para hacer frente a la sordida mañana de una ciudad que dia a dia sigue la misa aletargante rutina. Me giro entre las sabanas y allí está ella, dormida, parece extremadamente fragil, esxtremadamente pequeña. Una imagen que mucho contrasta con la decidida mujer que hace unas pocas horas se plantó frente a mi, exigiendo atención.
Me levanto de la cama y deslizo los pies por la tarima, no sin antes escribir una nota que ocupará mi espacio en la cama, recordandole que la quiero.
Procuro desplazarme en la oscura estancia con sigilo, no quiero despertarla y la dichosa tarima ultimamente parece una banda de adolescentes en un garaje más que el suelo de una habitación. Bajo las escaleras que comunican el primer piso con el segundo, mientras aprovecho el trayecto para recoger los restos que anoche en nuestro frenesí amoroso dejamos esparcidas. Una vez en la cocina, decido prepararme el desayuno y dejarselo a ella listo para cuando quiera despertarse, llamo a la floristeria y encargo un ramo de rosas para esta tarde, el encargado siempre me parecio retrasado, pero el producto es bueno y no excesivamente caro , asique me trago mi mal humor y una vez que acabo mis tareas, me visto y salgo a la calle.
De pronto me veo inmerso en la marea que tanto odio , nos movemos como una masa, algo similar a un rebaño de ovejas, lo bueno de hoy esque tengo el dia libre , normalmente odio levantarme por las mañanas, por culpa de mi dichoso trabajo me veo dia tras dia obligado a tapar mis tatuajes con camiseas lujosas y caras , mis dilataciones con rellenadores y los gritos de mi corazón con una indiferencia que hace revolverse en su tumba al espiritu de mi epoca adolescente, al que tuve que renunciar por una vida a su lado.
Recorro un camino lleno de recuerdos. Cada esquina tiene una historia, un recuerdo, un rastro en el corazón, ese arcón metalico, hasta el dichoso cristal del metro trae a mi mente una voz femenina que se pregunta: ''¿Has visto que buena pareja hacemos?'' y el recuerdo de una niña sonriente señalando en el ya indicado cristal un reflejo en el que un adolescente sonrie.
Bajo en el ascensor.
El metro me espera en el andén , cierro los ojos y se apaga la luz.

2 comentarios:

  1. Ya te he comentado en el twitter pero no me cansare de decirtelo, me he enamorado de este blog. Enserio es precioso, maravilloso, no hay adjetivos suficientes para describirlo, es 'sdhjjxndcjv' espero poder leer otra nueva entrada muy pronto. un beso <3

    ResponderEliminar
  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar