lunes, 22 de octubre de 2012

Amanecer.

Contemplo, como cada mañana, desde nu azotea el despertar casi temeroso de una ciudad que, apenas hace unas horas, dormitaba con la esperanza de una calida mañana que condujese al deshielo de las escarchadas paredes de una urbe que se ven atrapadas en un constante insomnio, obligadas a contemplar los secretos más oscuros y los llantos más deprimidos, bajo las faldas mas cortas y las rallas más largas, son tantos los inviernos, son tantos los abriles que acosan la demacrada ciudad, que apenas ya ella misma distinga la frontera que divide lo real de lo ilusorio, tanto tiempo ha pasado, que las calles olvidaron su nombre, que los edificios calleron por la gravedad y que a dia de hoy aún quedan restos de lo que en su momento fue una imponente ciudad, donde ahora , la acera se resigna a perder la cuenta de los zapatos de postín que dia a dia la demacran con desdén. Gente de todo tipo pisó ya esa acera, ricos, pobres, altos , bajos, no importa, solo son numeros, solo son personas, en una sociedad que estaba tan inmersa en su constante lucha, que acabó siendo su propio monstruo.
Esto es un amanecer cualquiera en mi cuidad, a lo lejos vislumbro los altos rascacielos que rasgan el cielo con la facilidad que el león lo hace con la piel de su presa, cuando ya me encuentro totalmente perdido en mis sueños y pensamientos, un rostro femenino se vé reflejado en el cristal. Es ella. La razón de que dia a dia me levante y luche por lo que es mio, por lo que me pertenece o almenos lo hizo en su momento, se acerca a mi y deja caer unas finas palabras en mi oido, que hace que hasta el ultimo pelo de mi piel se erice y me dibuja una sonrisa, que solo es capaz de crear ella, muy parecida a la que yo esgrimia siempre cuando tenia ganas de luchar por mi mismo.
-¿Qué tal has dormido, princesa?- Le digo, cuidando cada palabra, como si la expresion incorrecta pudiese romper un sueño en mil pedazos
-Sola- Me contesta con una ironica sonrisa, esperando una respuesta. - ¿Otra vez las pesadillas?-
-No sabes cuanto lo siento, cariño. Si, otra vez.-
Me aparta del cristal y se pone frente a mi, inevitablemente mi mirada la recorre de arriba a abajo y me descubro frente a la mujer más bella a la que me he enfrentado jamás, es perfecta y ese camisón le queda perfecto, la fina tela de satén cae con elegancia desde sus hombros como una cascada, que apenas se ondula para remarcar sus curvas.
Se inclina hacia mi, se queda a dos centimetros de mi boca, sonrie y me muerde el labio.
-Hoy te has despertado jugetona ¡Eh!- Sonrio y muevo la cabeza con desprovación, ella me mira sin decir nada, desafiante, me guiña un ojo y se gira, como pidiendo que la siga, dejando un rastro de perfeccion cada vez que posa los pies en el suelo. Antes de que salga de la habitación le pregunto.
- ¿Qué quieres para desayunar?-
Ella se vuelve hacia mi y me dice con el tono justo para que yo la oiga:
-No quiero un gramo dentro de mi que no sea de tu cuerpo.-
La sigo, como magnetizado por esa actitud quinceañera que aveces me invade cuando la tengo enfrente.
- No lo firmo, porque es un portatil.

1 comentario:

  1. Muy bueno, escribes genial y con un poco más de práctica puedes llegar a ser imparable, a crear las mejores historias si consigues hilarlas entre sí, sin pausa pero sin prisa.

    ResponderEliminar